miércoles, 1 de febrero de 2017

Pendejos 3

- Mirá que yo tiempo para llevarte al hospital no tengo, Oriana- gritó Rosa desde la puerta de la cocina mientras se limpiaba las manos con un repasar quemado- si te caés, vas a tener que ir vos sola.
- No pasa nada, Má- contestó también a los gritos Oriana, desde arriba de dos sillas apiladas, con la cabeza adentro del armario que iba empotrado a la pared.
- Cualquier cosa la lleva el novio- dijo Dante, sumándose.
-Vos callate, tarado- respondió Oriana.
Tomó una caja cargada de polvo. Bajó con cuidado y la apoyó sobre la mesa del taller. Sin respirar levantó las solapas de la caja y miró como el polvo se esparcía. "Parece una bomba o los fuegos artificiales que tira el comisario en navidad" pensó al ver la nube de polvo.
De la caja sacó una bolsa amarilla que, con marcador, anunciaba "Oriana de 1º a 4º". La colocó en el piso y poniéndose de espaldas a la puerta se dispuso a revisar todo lo que estaba en el interior. Agarró el cuaderno que le pareció más atractivo: rojo, de comunicados, tapa blanda forrada con papel grueso, relieve que simulaba tela de araña.
En el centro, donde se apreciaban los ganchitos, había un sobre intacto que, en letra cursiva de su vieja (letra que le conocía de casualidad porque Mariel siempre escribía en imprenta), decía "Fernando". Adentro una carta y el frente de un remedio:


Antes que nada quería pedirte que la nena no vea esto. Por más que no sepa leer, reconoce mi letra y, sabrás, por lo curiosa que es, va a querer que le cuentes de que se trata. Si ya lo vio, no importa, no le mientas: está al tanto de alguna que otra cosa que te voy a mencionar. Yo hago lo posible para mantener a los chicos al margen de todo esto, pero ya ves lo difícil que es.Joel hace meses que entra y sale de las anginas. Se cura y se vuelve a enfermas de lo mismo. Por eso no fue a visitarte ni este fin de semana ni el anterior. En la salita me dijeron que puede ser amigdalitis y, a penas el nene escuchó eso, me preguntó qué era. La pediatra le explicó y, cuando llegamos a casa, me pidió que no te dijera nada porque sino no lo ibas a llevar el día del niño al Parque de la Costa. Bueno, como verás, ya estamos a dos días de que termine agosto. Toda la mañana del día del niño la pasaron emponchados, sentados en el primer escalón de la escalera, mirando por la ventanita de la puerta para ver cuándo llegabas. A la tarde llegó el papá de Dante y le regaló un muñeco parecido al Power negro.


¿Cuál Power negro? -intentó recordar- ¿será que mamá se confundió con el Max Steel que tiene Dante todavía en la repisa? ¡Cómo gedió con el Max Steel!


Oriana se enojó mucho, lloró y dijo que no quería verte nunca más. A la noche se le pasó.


Suspiró como sacándose algo espeso y se llevó la mano hacia la frente "¡Qué tipo tan garca!", dijo, y en eso se le escapó una "r" bien marcada que vibró un largo rato en el paladar de la chica, aunque con voz lo suficientemente baja como para que nadie escuchara. Bueno, quizás alguien sintió sonar la "r" pero ¿qué importa una "r" cuando hay tantas cosa por hacer en la casa?
¡Cómo no me acordaba de esto! Yo, encima, haciéndome ilusiones con lo de la tablet- pensó- Claro: ¡qué me va a regalar una table si dijo que no le alcanza para vivir si nos pasaba cuota alimenticia! No cambiás más, papá. Vos viví, total, que tus hijos se arreglen.


Joel no lloró pero cuando fui a darle el antibiótico, se negó. Lo tomó recién cuando le compré una Coca para bajarlo. Ahí me preguntó si no lo querías y yo no sabía qué decirle.


Joya -se quejó Oriana con el pensamiento- al nene le compraba Coca para bajar el antibiótico y yo no puede comprarme ni un chicle en el kiosco de la escuela - y, con la voz de su mamá resonando en el cráneo, pensó- porque me voy a "picar los dientes y es un gasto al pedo" y tengo que comprarme solo "comida de verdad" o llevarme desde casa. Dale, má ¿qué querés que haga con 7 pesos? es divino ir con la mochila llena de baranda a empanada frita.


Al nene mañana lo voy a llevar a la salita así le inyectan penicilina. Fue lo que me recomendaron en la guardia del Hospital del Niño de San Justo. Por supuesto, le va a doler un montón, pero por lo menos, vamos a dejar de darle tanto antibiótico. No parece tener dolor de panza pero seguramente tanta pastilla le estará haciendo mal.
Todo esto es, más que nada, para pedirte que estés más presente en la crianza de los chicos. Y que si les prometés algo que, por favor, lo cumplas. Si pensás que quizás no podés cumplirlo, no se lo prometas. Espósito me dijo que en la próxima audiencia tengo que decir todo esto. La verdad es que prefiero arreglarlo directamente con vos porque sino, después, van a citar a los nenes para hablar con la psicóloga del juzgado y, la verdad, es que lo sufren mucho. Yo se el esfuerzo que hacés para cumplir con los alimentos, pero tenemos dos hijos hermosos que se merecen mucho más.


¡Uy! Mamá es una boluda o era, ya ni sé. Una vez que Espósito la pega, no le hace caso. Bueno, igual, el juzgado es un lugar horrible.


Acá te mando el frente del antibiótico que está tomando (espero que solamente hasta hoy) Joel.
Por favor, reflexioná.
Rosa.

Oriana se llevó la mano derecha al bolsillo del short y agarró su celular. Abrió la agenda y borró el contacto que figuraba bajo el nombre de "Papá".

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