A la madrugada, cuando debato con Orne y nuestras ideas (y no tan nuestras porque si jugáramos al "quien cita, pierde", viviríamos haciendo prendas) pelan manopla y faca, me enojo: Salta con reacciones tan infantiles ¡Parece una nena de cinco años y tiene veintiuno!
Y una vez en posición horizontal, le achino el té y le enrosco los rulitos a lo lejos (Yo en mi cama y ella leyendo en la cocina). Una vez en mi pieza, una vez en posición fetal, me alegro: Orne parece una nena de cinco años y tiene veintiuno.
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